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Thursday, May 26, 2011

Ana (Parte 2)

Los siguientes días me centré en mi nuevo trabajo. Volver a enseñar era genial. Daba clase de educación física a tres clases de alumnos de entre 15 y 17 años. La verdad es que era un reto para mí porque hasta ese momento mis alumnos anteriores no habían tenido más de 13 años. Y los que me tocaban ahora estaba en plena pubertad con las hormonas alborotadas.
Tenía alumnos de todo tipo, los que se implicaban en la asignatura, los que eran un poco más rebeldes y alguno algo más tímido y que pasaba más desapercibido. Pero en general estaba satisfecha con ellos, ninguno me generaba demasiados problemas. No es por ponerme medallas, pero para ellos el cambio de profesor les había motivado. Antes tenían a un hombre cincuentón entradito en carnes y ahora a una joven profesora de 30 años.
Los días fueron pasando y llegó el viernes, así que Marta y yo salimos a celebrar mi nuevo trabajo. Me llevo a un bar que una compañera de trabajo le había comentado. Al entrar y mirar a mi alrededor no pude por más que sonreír.
S: Me lo tenía que haber imaginado.
M: ¿Cómo?
S: A ver, ¿no íbamos a celebrar hoy mi nuevo trabajo?
M: A eso hemos venido ¿no?
S: Claro y un bar gay es la mejor opción.
M: Pero si este bar está muy bien, tiene buena música y sirven copas. Además, tú acabas de salir de un matrimonio y no tienes ningún interés por tener un rollo. Y yo, pues…, aquí me alegro la vista. No sé porque tanto problema no es la primera vez que vamos a un bar gay y hasta ahora nunca te habías quejado.
S: Si claro, pero te conozco muy bien y sé que terminaré la noche sola.
M: ¿Pero qué dices?
S: Siempre que vamos a un bar de este tipo terminas marchándote con una nueva conquista.
M: Yo no tengo la culpa de estar buenísima.
Empezamos a reírnos. Eso era lo que más me gustaba de mi amiga, que siempre me hacía reír. Pedimos unas copas y ella comenzó a observar el terreno, en menos de cinco minutos ya tenía su mirada clavada en una de las chicas del bar. Decidí no enfadarme y disfrutar de mi copa y del tiempo que Marta quisiera regalarme antes de probar suerte con la rubia a la que no paraba de mirar. Estuvimos un rato hablando y riendo cuando Marta me dijo:
M: Se que estamos celebrando tu trabajo y probablemente querrás matarme, pero hay una chica rubia que no deja de mirarme y me preguntaba…
S: ¿Qué no deja de mirarte? ¿Querrás decir que tú no dejas de mirarla a ella?
M: Bueno…
S: Anda ves a hablar con ella.
M: Muchas gracias, te lo compensaré, lo prometo.
Así que me quedé sola con mi copa. Me la terminaría tranquilamente y después volvería a casa. De repente alguien llamó mi atención.
A: Hola, ¿estás tan concentrada en tus cosas que ni siquiera saludas?
Levanté mi mirada, a mí lado apoyada en la barra estaba una niña muy bonita, morena con una melena larga y lisa, unos preciosos ojos azules y una sonrisa perfecta. Yo no sabía quién era.
A: No tienes ni idea de quién soy ¿verdad?
S: No, lo siento ¿debería? –Seguía mirándola y comencé a pensar que quizá era una estrategia para ligar conmigo.
A: Yo pensaba que después de llevar dando clase en el instituto casi dos semanas, controlarías un poco más a la gente que estamos por allí.
No dejaba de mirlara mientras repasaba a todas las chicas que trabajan en el instituto profesoras, administrativas… Nada, no tenía ni idea de quién era.
A: A ver si esto te ayuda más. Ana Abad. –Y mientras decía su nombre ladeo un poco la cabeza para que su pelo tapara un poco su cara, borró su sonrisa y levanto la mano, repitiendo el mismo gesto que hacía cuando yo pasaba lista al comienzo de cada clase. Entonces comprendí. Era una de mis alumnas. La niña que siempre se sentaba al fondo de clase y que nunca se relacionaba con sus compañeros. Digo niña pero en aquel momento no parecía para nada una niña.
S: Ah! Lo siento Ana, no te había reconocido, perdona.
A: Por fin.
S: Lo siento, es que no me imaginaba encontrar a nadie del instituto por aquí.
A: Si, yo tampoco esperaba encontrarte a ti en este lugar.
S: He venido con una amiga.
A: Entiendo…
S: No, no… Ella es mi sólo mi amiga.
A: Si aquí todas somos muy buenas amigas. -Dijo con tono irónico.
S: No en serio, sólo es mi amiga. De hecho es esa de ahí. –Dije señalando a Marta que coqueteaba descaradamente con su chica rubia.
A: Bueno y entonces ¿qué trae por aquí?
S: Pues lo cierto es que hemos venido a celebrar mi nuevo trabajo pero ya ves… -Moví mi cabeza señalando a Marta y poniendo cara de circunstancias.
A: Ya veo. Bueno, pues entonces celébralo conmigo.
Me quedé parada. No sabía que decir, era una de mis alumnas y había algo en sus ojos que hacía que no pudiera dejar de mirarlos.
S: No, bueno… Lo cierto es que estoy un poco cansada y me voy a marchar ya.
A: No, ¿cómo que te vas ya? ¿Si todavía es temprano?
S: Ya, bueno, es que tengo que irme.
Salí del bar. Cuando llegué a casa me tumbé en la cama. No podía dejar de pensar en lo que había pasado. No podía dejar de pensar en los ojos de aquella niña. ¿Pero por qué? ¿Qué tenía aquella mirada que no podía dejar de pensar en ella?


Contiuará

®Sara Derechos Reservados 2011
(Nota: Recuerda que tu también puedes publicar tu historia, pensamientos, escritos en La Teta Feliz, solo envianos un correo con ella y tu nick a latetafeliz@gmail.com)


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